Síntomas neurológicos del moquillo canino: Etapa crítica para tu mascota
Cuando los síntomas neurológicos se hacen evidentes, significa que el virus ha avanzado significativamente dentro del organismo del perro. Esta etapa es crítica, no solo porque puede causar secuelas permanentes, sino también porque representa un punto de inflexión en el pronóstico general.
Los signos neurológicos del moquillo pueden ser variados, progresivos y, en algunos casos, aparecer incluso semanas o meses después de la fase inicial. Su detección temprana es esencial para brindar un tratamiento de soporte adecuado que evite un deterioro irreversible.
Información importante

Cómo afecta el moquillo al sistema nervioso
El virus del moquillo canino tiene una alta afinidad por el sistema nervioso central. Una vez que ha superado las barreras inmunológicas y se ha diseminado por los sistemas respiratorio y digestivo, puede llegar al cerebro y la médula espinal. Este proceso no es inmediato; puede tomar días o incluso semanas, dependiendo del estado inmunológico del animal y de la cepa viral.
En esta fase, el virus comienza a atacar estructuras neuronales específicas, generando inflamación, degeneración celular y, en algunos casos, destrucción de tejido nervioso. Las consecuencias varían desde pequeñas alteraciones motoras hasta convulsiones severas y parálisis parcial o total.
Síntomas comunes en la etapa inicial
Entre los signos más tempranos, suele presentarse una fiebre moderada, a veces difícil de percibir si no se mide de forma regular. También es frecuente la aparición de secreción ocular, que puede comenzar siendo acuosa y luego tornarse espesa y purulenta. La nariz puede mostrar una secreción clara, y en muchos casos se observa una disminución en el apetito acompañada de desánimo general.
Algunos perros presentan una tos ligera o estornudos frecuentes, mientras que otros desarrollan síntomas digestivos como vómitos y diarrea leves. En conjunto, estos síntomas dan la impresión de un simple resfriado, lo que retrasa la visita al veterinario y permite que el virus continúe avanzando.
Signos clínicos neurológicos más comunes
Uno de los primeros signos neurológicos que puede observarse es la ataxia, un trastorno que afecta la coordinación del movimiento. El perro puede caminar con un tambaleo extraño, parecer desorientado o tropezarse sin motivo aparente. Este síntoma suele ir acompañado de otros más sutiles, como una ligera inclinación de la cabeza o dificultad para subir escaleras.
En etapas posteriores, es frecuente la aparición de temblores musculares localizados, especialmente en la cara. Algunos perros muestran una actividad rítmica involuntaria en los labios, párpados o mandíbula. Estos temblores pueden evolucionar hacia movimientos más intensos, conocidos como convulsiones generalizadas, siendo uno de los más característicos el denominado "movimiento de masticación de chicle", donde el perro simula una masticación continua sin estímulo alguno.

Otros signos incluyen nistagmo (movimientos oculares rápidos e involuntarios), hipersensibilidad al tacto, mioclonos persistentes y, en los casos más graves, parálisis de extremidades. Algunos perros también desarrollan comportamientos repetitivos como caminar en círculos o reaccionar con sobresalto ante estímulos visuales o auditivos suaves
Cuándo aparecen estos síntomas y cómo evolucionan
En algunos perros, los signos neurológicos aparecen de forma inmediata tras la fase sistémica. En otros, pueden manifestarse semanas o incluso meses después de una aparente recuperación. Esta variabilidad complica el diagnóstico, ya que muchos tutores no relacionan los nuevos síntomas con una infección previa de moquillo.
El avance suele ser progresivo. Un perro puede empezar mostrando movimientos extraños en las patas traseras y, con el tiempo, desarrollar temblores musculares, convulsiones o rigidez. La evolución no es siempre lineal. En algunos casos, los signos empeoran rápidamente. En otros, el perro parece estabilizarse o mostrar mejorías temporales antes de un nuevo episodio.
¿Los síntomas neurológicos siempre son permanentes?
No necesariamente, pero en muchos casos sí dejan secuelas crónicas. La gravedad del daño neurológico depende de la rapidez con la que se actúe, del soporte clínico que reciba el perro y de la respuesta individual de su organismo. Algunos animales logran recuperar parcialmente la movilidad o reducir la frecuencia de los episodios convulsivos. Otros quedan con temblores persistentes o debilidad muscular permanente.
Hay perros que sobreviven a la infección y continúan con mioclonos leves o alteraciones en la coordinación que, si bien no comprometen su vida, afectan su calidad de vida. Por eso, aunque no todos los signos neurológicos son irreversibles, sí deben tomarse como una alerta de que el moquillo ha alcanzado una fase avanzada y crítica.
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Diferencias con otras condiciones neurológicas
Existen otras enfermedades que también pueden generar convulsiones o ataxia en perros, como la epilepsia idiopática, ciertas intoxicaciones o traumas craneales. Sin embargo, hay elementos que permiten distinguir al moquillo.
Una de las claves es la historia clínica reciente. Si el perro tuvo síntomas digestivos o respiratorios semanas antes, o si no está vacunado contra el moquillo, la probabilidad de que los signos neurológicos sean consecuencia directa del virus es alta. También ayuda el hecho de que en el moquillo los síntomas suelen ser múltiples y afectan diferentes sistemas al mismo tiempo.
Casos reales de perros con moquillo neurológico
El caso de un pastor alemán de un año que presentó temblores faciales y movimientos en círculos semanas después de superar una diarrea leve, permitió confirmar una infección por moquillo mediante análisis de LCR. El perro inició tratamiento sintomático, logró estabilizarse parcialmente, pero continuó con signos neurológicos residuales.
Otro ejemplo fue el de una perrita mestiza que comenzó con ataxia y mioclonos, sin antecedentes aparentes. Tras una revisión exhaustiva, se descubrió que había estado en contacto con un perro enfermo en un parque semanas antes. La PCR confirmó la presencia del virus del moquillo, aunque el cuadro clínico ya era avanzado. Recibió cuidados intensivos, pero los signos neurológicos se mantuvieron como secuela permanente.
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Opinión veterinaria sobre el pronóstico neurológico
Los profesionales veterinarios consideran que la aparición de signos neurológicos en un perro con moquillo marca un punto crítico en el tratamiento. Muchos coinciden en que, si bien existen estrategias de manejo, como anticonvulsivos o terapias de apoyo, las probabilidades de recuperación total son limitadas.
Algunos especialistas destacan la importancia de la rehabilitación neurológica, el uso de fármacos para controlar el dolor y la inflamación, así como el acompañamiento del tutor en el proceso de adaptación. En ciertos casos, se puede optar por medidas paliativas o por un plan de cuidado a largo plazo cuando los síntomas se estabilizan.
Preguntas frecuentes sobre moquillo neurológico
¿Un perro puede tener moquillo solo con síntomas neurológicos?
Sí. En algunos casos, especialmente los que se manifiestan de forma tardía, los únicos signos visibles son neurológicos. Esto ocurre cuando el virus se reactiva en el sistema nervioso después de la fase sistémica.
¿Qué tan frecuentes son las secuelas neurológicas?
Son bastante comunes en perros que sobreviven a la infección. Aunque varían en intensidad, la mayoría de los perros que presentan convulsiones o mioclonos durante la enfermedad continúan con algún tipo de alteración motora.
¿Se puede tratar el moquillo neurológico?
No existe un tratamiento específico para eliminar el virus del sistema nervioso. Sin embargo, los síntomas pueden manejarse con anticonvulsivos, terapia de soporte y cuidados veterinarios especializados.
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